Sistemas · Módulo
El cliente recibe su pedido y no sabe exactamente qué le llegó ni cuánto va a pagar. Pregunta por mensaje, alguien contesta de memoria, y a veces los dos números no coinciden. Es una fricción chiquita que pasa cien veces al mes.
El problema
El comprobante se escribía a mano en un mensaje, producto por producto. Además de tardado, salía distinto cada vez, y en el apuro se colaban renglones ilegibles: un «chile — 0.5 — $75» que no dice medio de qué.
Cómo se resolvió
Un botón en el pedido arma el comprobante completo: cada renglón con su cantidad, su unidad y su importe, el total, y la ventana de entrega prometida. Y otro botón lo abre en el mensajero del cliente con el texto ya escrito. Quien lo manda sólo da enviar.
Con dos reglas que importan: si el cliente no tiene teléfono registrado, el botón de enviar no aparece y lo dice; y si no hay una ventana de entrega definida, el sistema no inventa un horario. Prefiere no prometer a prometer mal.
Lo que se arregló de paso
Al armar el comprobante salió que la pantalla de captura nunca guardaba la unidad de medida. Nadie lo había notado porque quien capturaba lo sabía de memoria. Se corrigió en las dos direcciones: hacia adelante, guardándola; y hacia atrás, completándola en los pedidos viejos desde el catálogo.
Ese es un patrón que se repite: el módulo nuevo destapa el hueco del viejo, porque obliga a mostrar datos que antes sólo vivían en la cabeza de alguien.
La regla del módulo
Lo que el cliente recibe sale del sistema, no de la memoria de quien escribe.
Si el comprobante se teclea a mano, va a variar. Y el día que varíe hacia abajo, el que pierde eres tú.
Qué revisar en tu negocio
- ¿Tu cliente recibe por escrito qué le llegó y cuánto debe? Si no, cada duda es una llamada.
- ¿Ese texto sale igual siempre? Si lo escribe una persona, no.
- ¿Prometes una ventana de entrega? Y si la prometes, ¿de dónde sale la hora?