Lo hicimos
Un negocio llevaba semanas con su formulario de contacto al aire. Los correos llegaban puntuales, así que nadie sospechó nada. Las respuestas, eso sí, eran muchas menos de las que esperaban para el tráfico que tenían.
Lo que veían
Los avisos de cada envío entraban a la bandeja sin retraso. El formulario validaba bien: si faltaba un campo, lo señalaba. Todo lo que se podía comprobar desde adentro, funcionaba.
Lo que ya habían intentado
Habían probado el formulario varias veces ellos mismos. Llenaban, enviaban, esperaban el correo, llegaba. Con eso daban la prueba por buena y cerraban la revisión ahí. Es la prueba que hace todo el mundo, y es exactamente la que no alcanza.
Por qué la prueba engañaba
Después de enviar, el visitante era llevado a una página de agradecimiento. Esa página existía, pero se había quedado guardada como borrador. Un borrador sólo es visible para quien tiene permisos en el sitio; para cualquier otra persona, esa dirección no existe.
El resultado: el envío se registraba, los correos salían, y el visitante aterrizaba en una página de error. Quien probaba desde adentro llegaba bien, porque su sesión le daba permiso de ver el borrador. Quien llegaba de la calle veía que su mensaje se había perdido.
Dónde estaba en realidad
El formulario nunca estuvo roto. Lo que estaba roto era el aterrizaje, y no se ve mirando la bandeja de entrada. Peor todavía: es un error que se castiga solo, porque la persona que cree que su mensaje no salió no vuelve a intentarlo — se va con la competencia y nadie se entera de que se fue.
La regla que quedó
Probar un formulario es comprobar cuatro cosas, no dos.
Que se guardó el envío. Que llegó el aviso interno. Que llegó el acuse a quien escribió. Y que el navegador terminó en la página correcta. Las tres primeras se ven desde adentro; la cuarta es la única que vive del lado del cliente, y es la que nadie mira.
Cómo probarlo bien
- Hazlo desde una ventana privada, sin tu sesión abierta. Es la única forma de recibir lo mismo que recibe un desconocido.
- Fíjate en la dirección donde terminas después de enviar, no sólo en el correo que te llegó. Si dice que la página no existe, tienes el problema aunque el correo esté en tu bandeja.
- Revisa que la página de gracias esté publicada, no en borrador ni programada. Es un estado que se cambia en un clic y que nadie vuelve a mirar.
- Usa una página de gracias propia para cada formulario. Reusar la de otro proyecto mezcla las mediciones y ya no sabes cuál campaña trajo qué.
Si tienes un formulario al aire ahora mismo, ésta es la revisión más barata que existe: son dos minutos y una ventana de incógnito.