Lo hicimos
Corrigieron un dato en un correo masivo antes de enviarlo. Guardaron, verificaron que el cambio estuviera, y horas después el correo había vuelto al texto anterior. Lo corrigieron tres veces y las tres se deshizo. Llegaron a pensar que alguien más del equipo lo estaba revirtiendo.
Lo que veían
El cambio se guardaba y el sistema lo confirmaba. Al releerlo enseguida, ahí estaba el texto nuevo. Al día siguiente, el viejo. Sin que nadie hubiera entrado.
Lo que ya habían intentado
Lo corrigieron tres veces seguidas, revisaron quién más tenía acceso y empezaron a coordinarse para no pisarse entre ellos. El problema es que no había nadie a quien coordinar.
Por qué se deshacía solo
Ese correo colgaba de una plantilla. Cuando una campaña está atada a una plantilla, la plantilla es la que manda: cualquier cosa que haga que el correo se vuelva a procesar —tocar la lista de destinatarios, por ejemplo— lo reconstruye desde la plantilla y se lleva por delante lo que se editó directamente.
El cambio no se estaba perdiendo: se estaba sobrescribiendo, cada vez, por el original del que ese correo nace. Y el aviso de «guardado» era cierto en el momento en que salió.
Dónde estaba en realidad
Había que corregir la plantilla, no el correo. Hecho así, el cambio sobrevive a cualquier reproceso, porque el reproceso va justamente a buscar ahí.
De este caso salió una regla que hoy aplicamos a todo, y que vale mucho más allá del correo masivo: que un sistema conteste que guardó no significa que el cambio esté guardado. La confirmación te devuelve lo que acabas de mandar, no lo que quedó almacenado.
La regla que quedó
Un cambio se da por bueno cuando se vuelve a leer, no cuando el sistema dice que sí.
Y de preferencia dos veces: una enseguida y otra unos minutos después. La segunda es la que atrapa a los sistemas que reprocesan por detrás.
Qué hacer antes de mandar un correo masivo
- Averigua si tu campaña cuelga de una plantilla. Si es así, ahí es donde se corrige, y no en el editor del correo.
- Vuelve a abrirlo después de un rato, no enseguida. El texto puede estar correcto durante diez minutos y revertirse cuando alguien toque otra cosa de la campaña.
- Mándate una prueba a ti mismo al final, no al principio. La prueba que vale es la que sale después del último cambio que hizo cualquiera.